jueves, 25 de septiembre de 2008

Premio Nacional de llustración 2008


El ilustrador barcelonés Arnal Ballester ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ilustración correspondiente al 2008. El galardón es el sucesor del premio a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles, que se mantuvo hasta el año pasado. El objetivo de elevarlo a la categoría de Premio Nacional es darle un mayor reconocimiento social nacional e internacional. "Estoy aturdido y muy emocionado", ha dicho el artista tras conocer el premio, dotado con 20.000 euros y que distingue el conjunto de la labor realizada por un ilustrador de literatura infantil y juvenil. Ballester (Barcelona, 1955), licenciado en Historia por la UAB, comenzó a colaborar en revistas de humor gráfico en los años setenta y en la actualidad se dedica a ilustrar libros y además de cultivar otras facetas artísticas, como el cartelismo y la animación. Ha publicado más de 50 títulos ilustrados.

¡Enhorabuena!

Mil quinientos libros de literatura infantil y juvenil

La historia de nuestra literatura infantil y juvenil está poblada tanto de los nombres fundamentales de los magníficos escritores e ilustradores como de los millones de protagonistas anónimos, habitantes dichosos de ese universo de lectores, sin los que nada sería posible. Lectores que conservan la bendita inocencia del asombro; que leen desde el corazón hacia la mente; que se saben construidos a medida que ellos mismos van soltando o recogiendo ese hilo que, como el cuento clásico, todo buen libro infantil o juvenil significa y al que los lectores quedamos ligados.

Al leer, como en el verso, se hace el camino; y nada para ello más útil y necesario que la guía, que la orientación de quienes generosamente quieren compartir con nosotros su experiencia lectora, susurrándonos sus vivencias, jamás imponiendo sus criterios. Porque lectura y libro se escriben con ele de libertad.

Antonio Basanta, director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, dedicó éstas y otras emotivas palabras en la introducción de este título que, con toda la ilusión, escribimos los miembros de la CCEI con la inestimable ayuda de la FGSR, que se ofreció a publicarlo. Un libro que abarca todo lo leído por los miembros de la CCEI desde 1988 hasta 2005. El trabajo de selección, catalogación y clasificación de todos estos libros es fruto de muchos años de lectura, de la férrea voluntad de personas enamoradas de la literatura infantil y juvenil que, semana a semana, se han venido reuniendo para compartir lecturas y reflexiones. Un grupo abierto, plural, con una mínima estructura pero con un enorme entusiasmo. Igual que el contenido de las propias lecturas: realidades cotidianas, sueños, ilusiones disparatadas, reseñas de intimidad, paisajes llenos de humor, ironía o miedo, encuentros pintorescos, vueltas al pasado y locuras visionarias, ritmos versátiles y descripciones minuciosas, tiernas estampas y amenazantes escenarios humanos... y un sinfín de realidades surgidas del incansable y desbordante espíritu creativo del ser humano.

Y puesto que, con toda esta riqueza, hemos salido beneficionados, los lectores de la CCEI hemos querido compartirla con el resto del mundo.

¡Gracias por leernos!

Mil quinientos libros de literatura infantil y juvenil (1988-2005): seleccionados, reseñados y clasificados por edades / Secretariado de Prensa y Literatura Infantil de la C.C.E.I. ; presentación de Carles María Such. -- Madrid : Fundación Germán Sánchez Ruipérez, D.l. 2006.

martes, 16 de septiembre de 2008

Otra gran pérdida


Ana Pelegrín falleció el 11 de septiembre pasado dejando atrás una inmensa obra de referencia a todos los que amamos la Literatura Infantil, la literatura popular y la poesía tradicional. Desde aquí nuestro abrazo más sentido a su familia y nuestro modesto homenaje, la reproducción de algunas de sus palabras recogidas en el volumen titulado Literatura Infantil de tradición popular (editado por la Universidad de Castilla-La Mancha), que resumen lo que fue el centro de su vida:

«Hace tiempo -años, días y horas sumados- comencé a recoger las retahílas, las canciones de mis amigos en los recreos y calles, escuché las que decían mis hermanas menores y las que yo había aprendido de transmisión familiar. Sin darme cuenta, tomaba todo en consideración hasta quedar apresada en el cuento de cantos, en ese ovillo que se deslizaba sin cesar entrecruzando voces, giros, pueblos y tiempo...».

Ella se encargó de recoger las voces del pasado para que nadie las olvidara y nosotros queremos que nunca se olvide su nombre, sus palabras, su obra... Hasta siempre, Ana.