lunes, 22 de junio de 2009

A todo niño le pertenece el mundo entero

El hombre que compró la ciudad de Estocolmo. Texto: Gianni Rodari. Ilustración: Javier Zabala. Editorial SM, 2008.

El libro encierra, como el cofre de un tesoro, una maravillosa metáfora sobre las maneras de entender la realidad que compartimos los adultos y la infancia sobre el Ser y el Tener. Una manera de entendernos en este mundo basada en la posesión y la propiedad de lo imposible, del absurdo y del extrañamiento: grietas de la norma por donde se abre paso la cultura infantil como parte del territorio nómada de las “formas otras” que son ajenas a lo que consideramos importante, por ser incapaces, muchas veces, de poder ver a “través de”.

La ilustración de Javier Zabala es brillante. Una manera de acompañar esta fantástica fábula moderna desde una imagen abierta y esbozada que incluso puede parecer inacabada, con la pretensión de permitir espacios y huecos para que el lector (niño, niña o adulto) colabore en esa construcción de la imagen con su imaginación. Es decir, la forma se sugiere e insinúa, permitiéndonos participar.

El libro termina con las siguientes palabras: Porque a todo niño que viene a este mundo le pertenece el mundo entero, y no debe pagar ni un céntimo por él. Tiene únicamente que remangarse, extender las manos y tomarlo”. En esta idea se concentra la importancia del Ser niño, el empoderamiento que significa habitar este mundo desde la creación de una relación de pertenencia para otorgar la potestad de poder transformar, incluso anticipar, lo que se desea y anhela. En definitiva, un libro con el que el adulto debe acompañar al niño en la lectura, para que este último le ayude a comprenderlo (o comprenderse) con toda la riqueza que sólo es posible ver desde la infancia.

Javier Abad Molina
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