miércoles, 1 de septiembre de 2010

La magia de contar cuentos


Ignacio Sanz, Una vaca, dos niños y trescientos ruiseñores. Edelvives, Madrid 2010, 163 pp.

En los primeros años del siglo pasado Vicente Huidobro, poeta chileno de rica familia, embarca con su esposa y sus dos hijos de corta edad rumbo a Europa. Con el fin de que los niños mantengan su buena alimentación a lo largo de todo el tiempo les acompañará su vaca lechera. Siete años más tarde regresarán a Chile, y esta vez además de la vaca familiar Huidobro quiere llevar consigo trescientos ruiseñores. Inesperadamente al embarcar, el padre decide aislarse por completo de todo por exigencias de su proceso creativo, y confía en sus hijos la gran responsabilidad de cuidar primorosamente a los pájaros durante la dura travesía.

La historia está basada en un episodio real. Ignacio Sanz nos la cuenta mediante una combinación de estilos, desde el narrativo hasta el periodístico, el teatral, el de libro de viajes o el poético, sin olvidar el epistolar. Las ilustraciones de Patricia Metola son muy ajustadas, elegantes, de líneas puras. Hechas en un solo plano estilo collage, añaden un toque actual con regusto al momento histórico de la obra, los principios del siglo XX.

En cuanto al argumento, sorprenden las cosas que pueden hacerse cuando se tienen inquietudes y dinero. Es ejemplar cómo la familia respeta la necesidad del padre de retirarse para desarrollar el momento creativo, una familia que lleva con naturalidad las excentricidades del poeta. Más de la mitad del relato es un diario escrito por los niños en el que reflejan sus experiencias cuidando a los pájaros. Quieren responder a las expectativas de su padre con empeño y generosidad. De hecho, el desenlace final de su aventura apenas figura en sus notas, puesto que lo que cuenta para ellos es volver a tener algo más grande, a su padre. Realmente se les somete a una prueba de madurez de la que salen con el sabor agridulce que nos hace crecer con serenidad, que nos ennoblece.

Premio Ala Delta 2010, el libro es para niños a partir de 8 años. Las primeras 70 páginas, que forman el contexto y detalles necesarios para encuadrar la narración, pueden desanimar su lectura. A los niños les es más atractiva la segunda parte, el diario de los niños. Sin embargo, los adultos pueden sacar mucho provecho a este libro, una preciosa historia para ser contada, para fascinar a nuestros pequeños, algo que recompensa a todos como bien sabe el autor, que es contador de cuentos en Segovia. Incluso su título invita a ello con su ritmo: un…, dos…, tres…

María Méndez
Puedes leer otra interesante reseña sobre el libro, de Care Santos: http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2010/06/una-vaca-dos-ninos-y-trescientos.html

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