domingo, 15 de enero de 2012

Dolores María


El día que yo muera, quiero que en los bancos de mi velatorio estén repartidos todos mis libros. Aquellos que me emocionaron, los que me hicieron reir y con los que pasé tantos buenos ratos. Libros grandes de ilustraciones divertidas, de aventuras disparatadas, de fantasía, misterio o miedo. Libros pequeños, de esos que se leen rápido, los que sólo se miran o los que te deleitan buscando en ellos diferentes situaciones o personajes.

Eso faltaba hoy en la capilla donde reposaba Dolores María, todos sus cuentos, sus historias vividas y leídas y sobre todo, compartidas. A Dolores le encantaban las nuevas tecnologías y siempre quiso adecuarse a los nuevos tiempos, tener página web, su blog, informatizar su biblioteca… pero seguro que nunca se sumaría a los usuarios del libro digital. Porque este nuevo formato para libros, no se puede forrar, no se prepara para varias lecturas, y sobre todo no se comparte, como haces con tus libros favoritos, que cuanto más te gustan más los prestas a diestro y siniestro deseando que todos los disfruten tanto como tú. Los libros no son como tu mejor falda, que la cuidas, la guardas y sólo te la pones en las ocasiones especiales. Al contrario, los mejores libros los comentas, los prestas y deseas que llenen los espacios de otros, al igual que llenaron los tuyos.

Eso y más aprendimos de Dolores María. A hablar de lecturas, a animar a leer, a reír, a llorar juntos. Sirvió de unión a gente dispar, con la única misma afición, leer. Durante años se reunió con unas jóvenes madres a las que nos enseñaba a elegir lecturas con valores, a la par que a vivir, a ser madres, esposas e hijas. Con ella leíamos entre líneas nuestras propias vidas. También todos sus alumnos de Escuni leyeron y leyeron y algo llevaron de ella a sus alumnos en sus colegios. Para los miembros de la CCEI, que impulsó, motivó y dirigió durante tantos años, para todos los amantes de la Literatura Infantil y Juvenil… hoy se nos ha ido una gran maestra, una madre y una bibliotecaria, a ordenar nuestros sueños en el cielo.

Marigé Morales. CCEI